Pedidos, cocina, barra, inventario, coste por plato y por copa, fichaje, caja, facturas y reservas. Doce áreas por el mismo precio, con una cuota fija que no se mueve por mucho que vendas. Si hoy no sabes lo que te deja cada plato, llevas meses regalando dinero sin verlo.
Ninguna de estas cosas te hunde el mes. Todas juntas, sí. Y lo peor es que no aparecen en ningún sitio, así que no se pueden arreglar.
Un papel mal escrito, una comanda que se cae, un plato que sale mal y vuelve. Ese plato lo pagas dos veces: el producto, y la mesa que se va con mala cara.
Sabes lo que cobras. Lo que no sabes es que el plato que más vendes puede ser el que menos te deja, y que llevas meses empujándolo.
Entra género, sale comida, y a fin de mes falta stock que nadie sabe justificar. Sin registro de qué se anuló, qué se rompió y qué se tiró, el descuadre no tiene nombre. Y lo que no tiene nombre se repite todos los meses.
Cuadras el efectivo como puedes, apuntas lo de la tarjeta donde buenamente cae, y cómo fue el mes de verdad lo sabe tu gestor tres semanas después, cuando ya no puedes hacer nada.
Nadie firma nada, las horas extra se discuten de memoria, y sabes perfectamente qué pasa hoy si aparece una inspección de trabajo.
Súmalo. Son cientos de euros al mes que no aparecen en ninguna factura, no salen en ningún informe y nadie te los va a reclamar. Se van, y punto. Flamix cuesta 89 € — la pregunta no es si te lo puedes permitir, es cuánto llevas pagando por no tenerlo.
Esta es la parte que casi nadie te cuenta, y la que más dinero recupera. Flamix no borra nada: cada pedido, cada anulación, cada rotura y cada gramo que sale del almacén queda anotado con su hora y su motivo. Cuando algo no cuadra, dejas de sospechar y empiezas a mirar.
Se queda registrado con su estado, su hora y todo lo que llevaba. Puedes ver cuántos se anulan al día, en qué mesas y a qué horas — que es exactamente donde se esconden las fugas.
Venta, compra, ajuste a mano o merma: los cuatro se registran por separado, con cantidad, fecha y hora. Y cuando es una venta, el movimiento queda ligado al pedido concreto que se lo comió.
Se registra aparte, se descuenta del stock y baja directo al resultado del mes. El descuadre deja de ser «faltaba producto» y pasa a ser una línea con nombre, cantidad y fecha.
Una devolución no hace desaparecer la factura: la anula. Sale de tus informes de IVA e ingresos desde ese momento, sin tocar los cierres de caja ya hechos. Tu gestoría no se encuentra agujeros.
Apertura con su fondo, cierre con efectivo y tarjeta separados, e historial de cierres anteriores que se puede reimprimir. Un cierre hecho no se retoca después.
Si quieres, cerrar una mesa sin pasar por el cobro exige un PIN que solo tienes tú o tu encargado. Es la puerta por la que se va la comida invitada que nadie invitó.
Si alguien olvidó fichar y el encargado lo corrige, la corrección no sobrescribe nada: se apila aparte con motivo obligatorio, hora original, hora nueva y quién la hizo. Eso es lo que se le enseña a una inspección.
Cada producto tiene su mínimo. Cuando baja, salta en rojo arriba del inventario, así que la falta se ve el día antes y no en mitad del servicio del sábado.
Un pedido, un ajuste de stock, una merma, una factura anulada, un fichaje corregido, un cierre de caja. Si pasó, está guardado. No hace falta que confíes en la memoria de nadie — ni en la tuya al final de un turno de doce horas.
Lee esto despacio, porque es lo que más nos diferencia: no hay planes, no hay módulos que se compran aparte y no hay «eso va en la versión de arriba». Otros te venden la carta QR en un plan, el control de costes en otro y el personal en un tercero. Aquí es todo, desde el primer día, por el mismo precio.
Para que no te quedes con la idea abstracta de «un software». Esto es literalmente lo que pasa.
Ven tu carta con fotos y filtro de alérgenos. Dos piden desde su móvil, los otros dos al camarero. Todo entra en el mismo ticket de la mesa 7, no en dos pedidos separados.
La comida en la pantalla de cocina agrupada por categoría, las bebidas en la de barra por tipo. Suena el aviso. Cocina acepta y la comanda sale impresa sola.
Se descontó del inventario lo que lleva cada plato según su receta, y cada movimiento quedó ligado a ese pedido. Si algo bajó de su mínimo, ya tienes el aviso.
Unos minutos después de aceptar los entrantes, Flamix avisa a cocina de que empiece los segundos, para que lleguen con el ritmo justo y no encimados.
La mesa 7 aparece como «pago solicitado · tarjeta». Cobras, se emite la factura, sale el ticket y al cliente le llega el PDF con la opción de dejarte una reseña.
Al cobrar vuelve a estar libre en el mapa. Y si alguien intenta liberarla sin cobrar, le pide el PIN.
Efectivo y tarjeta separados, coste de la comida del día, mermas registradas y beneficio neto. No «creo que fue bien»: la cifra.
Pagas una cuota fija y se acabó. No se cobra por camarero, ni por mesa, ni por pedido, ni por cada cobro que pasa por el sistema. El mes que hagas tu mejor caja del año, la factura de Flamix es exactamente la misma que este mes.
Un número cerrado, por local. Sin coste por usuario, sin extras por conectar nada y sin sorpresas a fin de mes. Cuando crezcas — más mesas, más servicios, más facturación — el precio no se mueve contigo. Todo lo que ganes de más es tuyo: este mes, el que viene, y el mes en que hagas tu mejor caja del año.
Precios habituales del mercado español para un restaurante pequeño. Míralo con tus propios recibos delante.
| Lo que necesitas | Suelto |
|---|---|
| Programa de TPV / caja | desde 20 €/mes |
| Carta QR con pedido y pago | plan aparte |
| Reservas online | desde 49 €/mes |
| Escandallo y control de costes | plan aparte |
| Fichaje y control horario | por empleado |
| Cuatro proveedores, cuatro soportes, cuatro facturas — y ningún dato que hable con el de al lado | — |
| Flamix, todo junto y con los mismos datos | 89 €/mes |
Por local, IVA no incluido. Sin coste por usuario ni por camarero.
La puesta en marcha y la carga de tu carta completa te las regalamos: 249 € que no pagas. A cambio, el compromiso es de un año.
Pagas la puesta en marcha (249 €) y te vas cuando quieras avisando con un mes. Sin penalizaciones.
En los dos casos la prueba de 30 días es de verdad: si dentro de ese mes no te convence, no nos debes nada y no hay que dar explicaciones.
Si no tienes impresora térmica, te la conseguimos y la dejamos funcionando el mismo día. Desde 149 €, y solo si te hace falta: Flamix va en el móvil o la tablet que ya tengas.
Pasamos tu carta, ingredientes y proveedores desde tus Excel o tu sistema actual. 199 €.
La primera sesión con tu equipo va incluida. Las siguientes, 149 € — útiles si cambias de personal a menudo.
Para cadenas y grupos: sin límite de plantilla ni de impresoras, panel consolidado y precio por local con descuento por volumen. Lo vemos en una llamada.
No hay una versión para bares y otra para restaurantes. Es el mismo Flamix, y se ajusta a cómo trabajas tú en la puesta en marcha — que la hacemos nosotros. Dime tu tipo de local y te digo en la llamada cómo queda configurado.
Entonces esto te interesa incluso más. Flamix distingue plato o bebida desde que lo creas: la barra tiene su propia pantalla con las comandas agrupadas por cervezas, licores y refrescos, y el escandallo funciona igual con una copa que con un plato. Cargas la botella una vez y sabes lo que te cuesta cada combinado, cuánto te queda de cada botella, y cuánto se te va en el barril que se pierde en espuma. El bar es justo donde el descuadre es más grande y donde nadie lo mide.
Tienes mala conexión a internet en el local — Flamix va en la nube y eso hay que resolverlo primero, aunque casi siempre se arregla con un 4G de respaldo que cuesta menos que una cena. O eres una cadena de más de diez locales con su propio departamento de sistemas: ahí no te vendo una cuota, te preparo una propuesta aparte.
Fuera de esos dos casos, no hay ningún tipo de local al que le diga que no. Si tienes dudas de si encajas, escríbeme y te lo digo en cinco minutos por WhatsApp.
No tienes que dedicarle tardes ni aprender nada por tu cuenta. Lo montamos nosotros y tú lo ves funcionando con tu propia carta.
Nos cuentas cómo trabajáis y te decimos con franqueza si Flamix te sirve. Si vemos que no, te lo decimos ahí mismo y no te hacemos perder el tiempo.
Nos la mandas por WhatsApp y la dejamos cargada con categorías, precios, ingredientes y alérgenos. Ese trabajo es nuestro, no tuyo.
Dejamos las impresoras funcionando, imprimimos los QR de tus mesas y formamos a tu equipo con vuestros propios platos en pantalla. Tu camarero solo aprende una pantalla: el mapa de mesas.
El primer servicio lo acompañamos por WhatsApp en directo. Y durante 30 días pruebas sin pagar: si no encaja, se para y no debes nada.
Prefiero que te enteres por mí hoy que por ti mismo el mes que viene. Ninguna de las cuatro te va a frenar, pero las cuatro están aquí escritas y con su solución al lado.
Sin tarjeta, sin compromiso y con tu carta ya cargada por nosotros. Si en un mes no ves lo que te cuesta cada plato, dónde se te va el género y cuánto ganaste de verdad cada día, lo paramos y no me debes nada. Lo único que puedes perder es otro mes sin saberlo.